
En el año del bicentenario son muchos y variados los replanteos que surgen y las reflexiones acerca de la construcción de nuestra patria, de lo que fuimos, de lo que somos y de lo que seremos. Analizamos la sociedad que hoy se ve y pensamos en la herencia que nos dejaron aquellos hombres y mujeres que lucharon para que con el tiempo logremos ser lo que alguna vez soñaron.
Se acerca la fecha y vemos como se van preparando actos, conferencias, inauguraciones, festejos aquí y allá…. Todo válido porque hay que hacer de esta fecha una verdadera fiesta, no es un cumpleaños mas, son 200 años de emancipación, dos siglos de lucha, de triunfos y derrotas. Pero de nada nos sirven todas estas celebraciones si primero no miramos hacia dentro, si no nos miramos a nosotros mismos. Necesitamos aunque sea por un segundo pensar todo lo que significa esa fecha para los argentinos, y si realmente conseguimos esa soberanía que tanto se buscó desde 1810. ¿Logramos realmente construir una patria con identidad propia?, ¿Mantenemos vivas aquellas costumbres que nos hacen argentinos? ¿Nos sentimos verdaderamente argentinos ante el mundo?
Todavía nos falta mucho, lamentablemente con el tiempo nos fuimos haciendo más dependientes de aquellos de afuera que vienen al país apropiándose de todo lo que en el camino encuentran.
En estos casi dos siglos logramos un gobierno propio pero no una economía, seguimos mirando a organismos internacionales como el FMI o el Banco Mundial, para ver como estarán nuestros bolsillos; la mayoría de los productos que tenemos en casa ya no pertenecen a industrias nacionales, quedaron todas en manos de capitales extranjeros; del Tango y las culturas nativas ni noticias, fueron desplazadas por nuevas modas impuestas por las grandes potencias que se encargan de manejarnos a su gusto.
Nuestro derecho de autodeterminación como pueblo se ve hoy muy debilitado, está gravemente dañado. Ya no podemos dar un solo paso como nación sin tener la inspección y examen de “los de afuera”. Tenemos que rendir cuentas sobre lo que hacemos o dejamos de hacer y la mayoría de las veces someternos a las decisiones que las grandes potencias toman sobre nosotros. Y yo me pregunto, ¿Qué sabrán ellos sobre nosotros? ¿Acaso, tienen conciencia de lo que un argentino siente al ver su bandera flameando en el cielo?; nadie mejor que nosotros mismos conocemos a esta y aquella argentina, la vimos crecer, sufrir, festejar, desde adentro, desde estas tierras. Nunca nos fuimos, a pesar de todo nos quedamos aquí con la esperanza de que es una nación lo suficientemente fuerte para salir a flote de cualquier situación, esto queda demostrado en los 200 años de historia, donde como argentinos, nos toco atravesar de todo, épocas difíciles donde todo era desesperanza y desilusión. Pero al margen de todo, seguimos y acá estamos. A días de soplar 200 velitas, es sin duda NUESTRA FIESTA, la fiesta del alma, de la patria, de nuestra patria; es por eso que debemos vivirla como tal; destacando todas las virtudes, celebrando los triunfos y ver a las dificultades nacionales como problemas que pronto serán pasado si todos colaboramos y aportamos nuestro granito de arena.
El sol del 25 se viene asomando, y como en aquellos días nos debe encontrar más que nunca bien despiertos, unidos y con ganas de contribuir al crecimiento de esta nación, basándonos en nuestros valores, nuestras tradiciones, nuestro folclore, vivir como verdaderos argentinos que somos y poder así mostrarle al mundo que aquella revolución de mayo de 1810 dio comienzo a un nuevo sujeto histórico, a una nación formada por y para todos y no solo para algunos.
Estos dos siglos quizás nos den una nueva oportunidad para ponerle fichas a esta Argentina, mirándonos hacia nuestro propio interior sin mirar tanto hacia afuera.